Bowman, el inesperado rey de la montaña del Giro

Koen Bowman, hasta hace un par de semanas, era un completo desconocido en el ciclismo, y hoy, en cambio, es una estrella, no solo en […]

Koen Bouwman, del Jumbo-Visma, el rey de la montaña. /FOTO: EFE.

Koen Bowman, hasta hace un par de semanas, era un completo desconocido en el ciclismo, y hoy, en cambio, es una estrella, no solo en su tierra, Países Bajos, sino en todo el mundo.

Hoy ganó su segunda etapa en el Giro de Italia, con final en el Santuario de Castelmonte, y de pasó se aseguró el título de la montaña de la Corsa Rosa, por lo que el próximo lunes llegará vestido de azul a su natal Ulft, pequeña ciudad de la provincia de Gerdenland, donde está ubicada la hermosa catedral de San Antonio.

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Son 10.000 habitantes los que tiene Ulft, y de todos, Bowman, de ahora en adelante, será el más famoso, al menos hasta que se disputen los Juegos Olímpicos de París y algún canoero se destaque en las aguas del Sena.

Bowman es una de esas buenas noticias del ciclismo actual, al igual que Santiago Buitrago. Ha sido protagonista desde el inicio de la carrera, en Hungría y, desde que apareció la montaña, se ha apuntado en casi todas las fugas.

Su primer golpe lo dio en la etapa 7, con llegada a Potenza. Allí ganó en un día a puro ritmo neerlandés, pues también fueron noticia Wilco Kelderman, Buake Mollema y Tom Dumoulin. Bowman, de 28 años y gregario del Jumbo Visma, es ahora el mimado de Frans Maassen y Erik Dekker.

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“No me lo puedo creer. Jamás pensé en ganarme siquiera una etapa en el Giro, y ahora tengo 2. Es algo irrepetible, algo impensado”, dijo pletórico el rubio con cara de Solskjaer.

Y pensar que, cuando chico, pensaba ser profesor de matemáticas, pero le pudo el pedal. Veía pasar tanto ciclista por su casa, rumbo a Alemania o a Bélgica, que un día les pidió una a sus padres y se quedó hipnotizado.

Bowman también hizo cross cuando era juvenil, y se aventuró también en el ciclomontañismo, pero la ruta es lo que más lo mueve.

Ya es el rey

Llegó a 294 puntos en la montaña, cifra inalcanzable para Giulio Ciccone, segundo en la clasificación con 103 puntos.

El neerlandés ganó de punta a punta. Se escapó junto a Mauro Schmid, suizo del Quick Step; Alessandro Tonelli, italiano del Bardiani; Attila Valter, húngaro del FDJ; y Andrea Vendrame, francés del Ag2r.

Koen Bowman. /FOTO: Twitter Giro.

Otros escapados, entre quienes se encontraba el colombiano Fernando Gaviria, llegaron a estar a 30 segundos de conectarlos, pero las fuerzas les faltaron antes de la cima de Kilovrat, y los punteros tomaron distancia y luego se perdieron en el descenso.

Solo el austriaco Tobias Bayer, del Alpecin, pudo perseguirlos, pero también él se fue quedando en el largo camino hasta el santuario.

Entre tanto, en el grupo de favoritos nadie parecía tentado a los ataques, y eso que al líder Carapaz se le había caído otro gregario, Richie Porte, quien decidió retirarse para ir a abrazar a sus hijas y pensar en las 2 Grandes Vueltas que quedan.

El colombiano Buitrago, tras su faena en Lavarone, trabajó como maquinista del Bahrain, marcando a los rivales y poniendo paso a sus líderes Landa y Bilbao, quienes ya lo tratan como un “capitán” más de la escuadra árabe.

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Tras el triunfo de Bowman, por fin llegó la emoción de la confrontación de la general individual. Hindley, distanciado del ecuatoriano por 3 segundos, tiró pedal en las duras rampas del Friuli, pero no pudo sacar de rueda al de Carchi quien, al final, incluso se permitió embalar como si fuera Peter Sagan, y pasó primero por meta, al menos, para dar a entender que él, sólo él, es el patrón de la carrera.

Dos etapas quedan en la Corsa Rosa de 2022. Mañana, montaña a la antigua desde Belluno hasta la Marmolada, 168 kilómetros con el Passo Fedaia como cenit; y luego la crono de Verona, el bello escenario del amor entre Romeo y Julieta, la historia que, como el Giro, simboliza el Amor Infinito.